El minimalismo es una de las expresiones artísticas más extrañas que se pueden encontrar, sin embargo, se convierte en un arma excelente en el momento de mostrar cómo vivimos los hombres modernos.
En 1982 Godfrey Reggio lanza la primera de una trilogía de películas, que se encargarían de mostrar una definición de modernidad reveladora y apabullante. Esta primera hace un recorrido por las más significativas instancias en las que caemos los hombres de esta época, nos muestra la rapidez con la que nuestras vidas transcurren y la poca importancia que parecemos darle a las mismas.
Koyaanisqatsi, es entonces, una película que hace un autorretrato del hombre moderno, que se mueve en un mundo que avanza más despacio de lo que él cree, que es incontrolable, incalculable e impredecible. Nos refleja las rutinas en las que vivimos y por las cuales parece que todos pasamos, como si la vida de un hombre no fuera muy distinta que los que lo rodean, al parecer, todos recorremos las mismas acciones una y otra vez hasta que se nos acaba la vida. Sin embargo, estas rutinas solo nos sirven como ruta de escape al cambio, pues el cambio sigue ahí, y la rutina nos engaña haciéndonos creer que estamos parados sobre un suelo estable, cuando no es así, es como coger agua con las manos sabiendo que tarde o temprano va a acabar escurriéndose por las aberturas que son imposibles de sellar.
La música sirve como línea directora de la narrativa de la película, en las melodías de Philip Glass encontramos la desorientación, la incapacidad de predicción y la inestabilidad. Pues al parecer en la narrativa de la película no sabemos por donde vamos, ni hacia dónde vamos. Esto hace que creamos que estamos en algún lado y cuando levantamos la mirada vemos que todo ha cambiado.
Nos muestra que estamos en la época del cambio, época en la que no interesa que las cosas duren porque todo pasa tan rápido que simplemente su vida útil se reduce a momentos, nos vemos obligados al cambio, pues el mundo nos lo exige y nosotros lo añoramos.
A pesar de que Koyaanisqatsi es una película que parece sin dirección, es esa misma in-dirección la que nos muestra el camino. Pues, la repetición nos aturde y nos enamora, nos enamora tanto que no nos deja ver lo que viene y cuando nos damos cuenta ya nada es igual.
En 1982 Godfrey Reggio lanza la primera de una trilogía de películas, que se encargarían de mostrar una definición de modernidad reveladora y apabullante. Esta primera hace un recorrido por las más significativas instancias en las que caemos los hombres de esta época, nos muestra la rapidez con la que nuestras vidas transcurren y la poca importancia que parecemos darle a las mismas.
Koyaanisqatsi, es entonces, una película que hace un autorretrato del hombre moderno, que se mueve en un mundo que avanza más despacio de lo que él cree, que es incontrolable, incalculable e impredecible. Nos refleja las rutinas en las que vivimos y por las cuales parece que todos pasamos, como si la vida de un hombre no fuera muy distinta que los que lo rodean, al parecer, todos recorremos las mismas acciones una y otra vez hasta que se nos acaba la vida. Sin embargo, estas rutinas solo nos sirven como ruta de escape al cambio, pues el cambio sigue ahí, y la rutina nos engaña haciéndonos creer que estamos parados sobre un suelo estable, cuando no es así, es como coger agua con las manos sabiendo que tarde o temprano va a acabar escurriéndose por las aberturas que son imposibles de sellar.
La música sirve como línea directora de la narrativa de la película, en las melodías de Philip Glass encontramos la desorientación, la incapacidad de predicción y la inestabilidad. Pues al parecer en la narrativa de la película no sabemos por donde vamos, ni hacia dónde vamos. Esto hace que creamos que estamos en algún lado y cuando levantamos la mirada vemos que todo ha cambiado.
Nos muestra que estamos en la época del cambio, época en la que no interesa que las cosas duren porque todo pasa tan rápido que simplemente su vida útil se reduce a momentos, nos vemos obligados al cambio, pues el mundo nos lo exige y nosotros lo añoramos.
A pesar de que Koyaanisqatsi es una película que parece sin dirección, es esa misma in-dirección la que nos muestra el camino. Pues, la repetición nos aturde y nos enamora, nos enamora tanto que no nos deja ver lo que viene y cuando nos damos cuenta ya nada es igual.
Miguel Angel Herrera
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