miércoles, 7 de abril de 2010

VIDA SIN DIRECCION




El minimalismo es una de las expresiones artísticas más extrañas que se pueden encontrar, sin embargo, se convierte en un arma excelente en el momento de mostrar cómo vivimos los hombres modernos.

En 1982 Godfrey Reggio lanza la primera de una trilogía de películas, que se encargarían de mostrar una definición de modernidad reveladora y apabullante. Esta primera hace un recorrido por las más significativas instancias en las que caemos los hombres de esta época, nos muestra la rapidez con la que nuestras vidas transcurren y la poca importancia que parecemos darle a las mismas.

Koyaanisqatsi, es entonces, una película que hace un autorretrato del hombre moderno, que se mueve en un mundo que avanza más despacio de lo que él cree, que es incontrolable, incalculable e impredecible. Nos refleja las rutinas en las que vivimos y por las cuales parece que todos pasamos, como si la vida de un hombre no fuera muy distinta que los que lo rodean, al parecer, todos recorremos las mismas acciones una y otra vez hasta que se nos acaba la vida. Sin embargo, estas rutinas solo nos sirven como ruta de escape al cambio, pues el cambio sigue ahí, y la rutina nos engaña haciéndonos creer que estamos parados sobre un suelo estable, cuando no es así, es como coger agua con las manos sabiendo que tarde o temprano va a acabar escurriéndose por las aberturas que son imposibles de sellar.

La música sirve como línea directora de la narrativa de la película, en las melodías de Philip Glass encontramos la desorientación, la incapacidad de predicción y la inestabilidad. Pues al parecer en la narrativa de la película no sabemos por donde vamos, ni hacia dónde vamos. Esto hace que creamos que estamos en algún lado y cuando levantamos la mirada vemos que todo ha cambiado.

Nos muestra que estamos en la época del cambio, época en la que no interesa que las cosas duren porque todo pasa tan rápido que simplemente su vida útil se reduce a momentos, nos vemos obligados al cambio, pues el mundo nos lo exige y nosotros lo añoramos.

A pesar de que Koyaanisqatsi es una película que parece sin dirección, es esa misma in-dirección la que nos muestra el camino. Pues, la repetición nos aturde y nos enamora, nos enamora tanto que no nos deja ver lo que viene y cuando nos damos cuenta ya nada es igual.


Miguel Angel Herrera

martes, 6 de abril de 2010

NO TE PREOCUPES POR LAS PALABRAS






En 1936 Charles Chaplin se dispondría a exhibir la última película en la que interpretaría a “The Tramp” o el vagabundo, personaje simbólico de la carrera de Chaplin y a su vez el más representativo con el que llegaría a realizar sus más grandes cintas.


Tiempos Modernos es pues una película filmada totalmente en blanco y negro, y aunque es una película sonora (de las primeras de la época), esta no usa los sonidos como los objetos directores de la trama por el contrario se utilizan para reafirmar la frase que le dirán a Chaplin al final de la cinta: “Sing, never mind the words”. Pues, al no pensar en las palabras, las palabras dejan de importar.


Usando su estilo único, Chaplin nos muestra “una historia sobre industria, la iniciativa individual. La cruzada de la humanidad en búsqueda de la felicidad”. Felicidad que en la película se expresa bajo la forma de la estabilidad. Esta búsqueda sucede en un mundo que no es muy fácil de entender, en el cual la gente no sabe exactamente lo que hace, trabaja en pequeñas partes de maquinas gigantes de las cuales no sabe ni cuál es su propósito ni cuál es su causa. Pero esto, al parecer, a nuestros personajes principales no les importa mucho entenderlo, lo que les importa es tener un sitio estable donde vivir y una comida decente, asi no sea mucho lo que importa es tenerlo. Que sea fijo y constante.


Durante varias escenas de la película vemos a Chaplin soñando o deseando lo que sería una vida perfecta, pero en esta vida perfecta no muestra extravagancias ni cosas exageradas. En una en particular lo vemos comiendo uvas, en una casa limpia, esperando a que su vaca le sirva su jarra de leche, comiendo en una mesa pequeña pero estable, precisa para el trabajo para el que es empleada. Por el contrario en otras escenas Chaplin contrasta esta sencilla vida casi de campo con una complicada vida tecnológica, cuando hacen la prueba de la máquina para comer automática, por ejemplo, la actividad de comer se convierte en una actividad engorrosa complicada e inclusive peligrosa, Chaplin se burla de los cambios y de los avances. Al parecer pide un ruego para volver a la estabilidad, a la solidez estable y eterna.


Aparece también la crítica al fordismo, ese “modelo de industrialización, de acumulación, de regulación”, de automatización en el cual lo que importa es la producción, donde los hombres son reemplazables, dejan de importar como personas e importan más como fuerza de trabajo. Notamos la producción en serie en el cual el hombre es relevado a la tarea más simple y sin conocimiento de su objetivo la realiza.


En fin Tiempos Modernos es una crítica a la era de la modernización en la cual se quería lograr construir grandes fábricas y edificaciones, en la cual lo importante era mejorar los medios de producción, donde el hombre se relega a un segundo plano dando paso a su invento más reciente, la maquina, pues el hombre está siendo reemplazado en sus actividades diarias. Chaplin nos muestra este deseo de una vida feliz más arraigada en la estabilidad, aunque si nos detenemos, nos darnos cuenta que este modelo es el que nos propone el sistema, ya que, al querer obtenerlo tenemos que entrar en él. “tendremos una casa como esa, así tenga que trabajar para conseguirlo”.




Miguel Angel Herrera